martes, 11 de marzo de 2008

Homenaje a Astor Piazzolla


Fuente: http://www.ciudadabstrakta.com/

Hoy cumpliría años Astor Piazzolla. Ochenta y siete. Su vida estuvo completa de anécdotas. Desde su infancia en Nueva York y su amistad con don Carlos Gardel, hasta sus peleas callejeras y su aversión al colegio. Las discusiones con sus hijos. La reunión con los dictadores. Más allá de eso, muy lejos, había un artista sensible a la mística de la ciudad, del tango, del amor, de la angustia y de la muerte.
Cuentan que Piazzolla, al enterarse del fallecimiento de su padre, su primera reacción fue sentarse a componer directamente sobre el pentagrama. Él estaba en Puerto Rico, la noticia le llegó telefónicamente. Viajó a Estados Unidos y pidió que lo dejen solo frente al piano. Recién cuando interpretó la pieza terminada se quebró en lágrimas. Todos los recuerdos y el afecto quedaron desnudos ante la armonía de su reciente creación. El lamento se había hecho música.En el imaginario popular sobrevuelan versiones erróneas acerca de la relación de Piazzolla y su ciudad natal. Es común encontrar gente que desde la más nociva ignorancia asegura que Astor no quería a Mar del Plata. Sin embrago, tenía una gran aprecio por su ciudad. Y lo ha dejado plasmado en señales ocultas que, lamentablemente, poca difusión tienen. Sólo un puñado de personas, entre los que se destaca Jorge Strada, presidente de la Biblioteca Pública de Música Astor Piazzolla, trabaja todos los días para revalorar la imagen del músico en Mar del Plata. Aunque no hay que desconocer que también hay trabas burocráticas que impiden desarrollar interesantes propuestas culturales que desde hace años están encerradas en carpetas, por culpa de personas que carecen de interés en realzar un patrimonio tan valioso. Esas personas que sólo se dedican a restar, para el perjuicio de todos.
Los padres de Piazzolla –“nonino” y “nonina”- vivían en Alberti 1561, a pocos metros de la Estación Terminal de Ómnibus. Ellos vivieron y murieron allí. Astor los visitaba seguido, porque más allá del amor que profesaba por sus padres, el mar era uno de sus principales vehículos de inspiración. En su formación como artista y persona se reconoce de inmediato una fuerte presencia de su infancia, a orillas de un mar de otoño. En esa misma casa, un día que su hija Diana cayó enferma de gravedad, Astor esculpió una piedra en la fachada con su nombre; piedra que, afortunadamente, aún se conserva intacta. Los restos de sus padres descansan en el cementerio de La Loma, en un panteón donde había un lugar reservado especialmente para él. Astor dijo en repetidas ocasiones que quería que su cuerpo sea llevado allí al momento de su muerte. Pero su última mujer, Laura Escalada, no respetó sus anhelos y sepultó sus restos en Capital Federal. Sin atender siquiera a las peticiones familiares.Y no sólo eso. A los pocos meses de fallecer el artista, patentó los nombres “Astor”, “Piazzolla” y “Astor Piazzolla” como propios. Ese es el motivo por el cual ahora nada puede llevar su nombre, a menos que se paguen los derechos correspondientes por su utilización. En estos vaivenes quedan destruidas las posibilidades de, por ejemplo, ponerle el nombre de Piazzolla a una calle marplatense. La idea está hace años, simplemente no se puede implementar. La única institución que lleva su nombre en la ciudad es la Biblioteca que dirige Strada, porque fue fundada antes de que Laura Escalada realice la registración. Y por muy poquito. Existe una sola placa en Mar del Plata en conmemoración del nacimiento de Piazzolla. Está ubicada en la calle Rivadavia 2530, amurada en una columna, entre la entrada de un restaurante chino y un local de venta de telefonía celular. Allí estaba la casa que lo vio nacer, un día como hoy: 11 de marzo, de 1921. Antes de que comiencen las obras que se realizaron para la Cumbre de las Américas en el 2005 también existía un pequeño monumento dedicado a Astor en la plazoleta de Santa Fe y Diagonal Alberdi. Pero fue retirado con las refacciones, e incluso estuvo perdido durante semanas. Apareció semanas después, pero incompleto. Sólo la parte de arriba quedó sana. Actualmente, está guardado en el depósito de la Biblioteca, a la espera de algún lugar donde pueda volver a emplazarse.
Mar del Plata, además, guarda en sus archivos piezas inéditas de este genial músico. Por ejemplo, un movimiento en 16 compases que compuso especialmente para la familia Crespi, en agradecimiento por haberle prestado un piano. Esta obra fue interpretada una sola vez, por el pianista Manuel Rego, dentro de un ciclo homenaje a Piazzolla en el Teatro Municipal Colón. También hay una partitura que Astor le dedicó a su madre, pero esta jamás fue presentada en público y casi nadie conoce de su existencia.La historia de Piazzolla y Mar del Plata es asombrosa. En su ciudad, a la cual respetaba desde lo más íntimo, no tiene el lugar que se merece. Tal vez por descuido cultural, por desconocimiento, por falta de interés. Es complicado encontrar motivos. La memoria de uno de los más importantes compositores de la historia del siglo XX vive sepultada debajo de una montaña de excusas y obstáculos presupuestarios.
por Agustín Marangoni